5 de julio de 2012

Nota audiencia causa Gallo/Madariaga


Los cortes de luz traen recuerdos de los ’80, época en la que la empresa que suministraba el servicio era nacional
Mientras Francisco daba su testimonio sobre un confuso hecho que involucraba a la empresa de seguridad de su apropiador, el edificio de Comodoro Py quedó a oscuras debido a un corte de luz.
A oscuras: parecía una metáfora de lo que se venía escuchando en la sala: Abel Madariaga contaba al tribunal las noticias que le habían llegado de Silvia mientras estaba en cautiverio y cómo fue la búsqueda de su hijo. Sus palabras mostraban la oscuridad que vivió en su país, en el exilio y en el regreso.
Concluido eso, salió a mezclarse con los espectadores y la penumbra del relato se disipó en un aplauso, abrazos y lágrimas de emoción.
Cuando le llegó el turno, Francisco respondió a las preguntas que le hicieron sobre su relación con el apropiador con más palabras que daban un dejo de tristeza. Malos tratos, hostigamiento, situaciones poco claras. Oscuro… Acto seguido, corte de luz.
La sala quedó en silencio, luego las preguntas y la resolución de vaciarla hasta que volviera el suministro.
Pasaron los minutos y la gente que salía por un café y volvía; otros, cigarrillo en mano, iban a averiguar cuánto tardaría el apagón. No había respuesta aún.
Pero a pesar de la falta de energía eléctrica, habían empezado a verse las caras luminosas de un padre y un hijo que estaban acompañados de muchos seres queridos en búsqueda de la justicia.


NdR: Aclaro en el título del post que es una nota, porque es un TP para la facultad que hice el año pasado. Iba a ser publicado, pero nunca llegó, por eso no hay título tampoco.

Audiencia 21/06/11- Caso Madariaga Quintela- Trabajo Práctico "Nota de opinión"


Presenciar una audiencia judicial pareciera ser algo solo para entendidos en el tema: seguramente, los estudiantes de carreras de Derecho tengan un interés mayor que la media de la población de estar en una sala para aprender parte del oficio de ejercer la profesión elegida.
Probablemente, mucho más de la mitad de la población no asiste a ver los juicios orales y públicos, aun de los casos policiales más truculentos o misteriosos, por cuestiones de tiempo y por la televisación de algunas jornadas, que nos hacen dar cuenta que los juicios no son como los muestran en las películas de Hollywood: en Argentina, nuestro sistema legal es diferente y no hay un jurado de civiles, de “comunes”, a los que hay que apelar por piedad o castigo, según el caso.
Hablando de discrepancias, los juicios por el Plan Sistemático de Robo de Bebés han de marcar una diferencia histórica en nuestra vida de país. Estamos frente a hechos que, además de ser justos y necesarios, son únicos, dan un poco de aire de credibilidad al sistema judicial que tenemos y demuestran que la memoria no es una mera palabra en un cartel, sino que, a través de los diversos testimonios, está ahí latente, ansiosa de verdad y de justicia. No va a descansar en paz la memoria, no mientras haya quien intente encontrar a un nieto más y condenar a sus apropiadores. Así es que la sala AMIA se encontraba llena de espectadores ansiosos y aún había lista de espera para ingresar.
Y ahí hay otra diferencia porque las audiencias de casos de apropiación de bebés son duras: además del martirio de la familia que, incesantemente, buscó años y años a un pariente que sabía que vivía, pero no sabían ni con quién ni dónde, está la angustia que vivieron los que se sintieron sapos de otro pozo y fueron a buscar el suyo, acercándose a Abuelas de Plaza de Mayo en busca de algún tipo de respuesta.
Nadie les aseguró nada, pero algunos fueron con la certeza en el corazón de que dejarían de ser extraños y entenderían de dónde vendrían esos ojos y esas ganas de luchar, que no se condicen con la vida familiar.
Abel y Francisco son padre e hijo. Lo dice su ADN, su mirada, su manera de hablar. Aunque habla pausado por la edad,  se escucha en Abel una voz que no descansó hasta encontrar a Francisco. Se ven unos brazos llenos de abrazos contenidos a lo largo del exilio.
Un poco más excitado, Francisco cuenta su exilio dentro de su país. No tiene miedo. No parece haberlo tenido a pesar de las golpizas y maltratos varios. Francisco era la pieza de otro rompecabezas, esas que te dan de niño para que termines el que empezaste, a ver si coincide con las demás y final del juego. Las manos de Francisco no coincidían con las de Gallo. Nunca encajaban. Es por ello que salió a buscar al resto de las piezas.
Abel dormía la siesta en la tranquila localidad de Chascomús. Hay veces en las que, al levantarse de la siesta, una persona pierde el sentido del tiempo y no sabe si se levantó al día siguiente. Y a Abel le debe haber pasado eso, después de que Estela le dijera que encontraron a su hijo, algo así como vivir dos días en uno.
Ambos vivieron incompletos, caminando la misma ciudad, uno buscando un hijo, otro, un poco de afecto.
Por algo acudieron a su encuentro, aun sin tener idea de como eran, sabían que no necesitaban presentarse al estilo novela mejicana. Sabían que uno era “papá” y el otro, hijo. Hijo que no fue abandonado siquiera en el pensamiento.
Por eso el abrazo que se dieron sanó el alma de Abel: porque tuvo 32 años y medio para conocer a Francisco, heredero de una tradición familiar de nombres que se había cortado por causas que los excedieron. Porque el agujero que tenía en el alma Abel, era el mismo hueco del rompecabezas de Francisco, que había encontrado lugar en el puzzle correspondiente.

23 de junio de 2012

Brilla tu luz para mí





                                                                                                         Shine on you crazy diamond.
                                                                                                                                 You were caught on the crossfire  of 
                                                                                                                                                       childhood and stardom,
                                                                                                                                                    blown on the steel breeze.


Unos días antes de que me llegara la noticia, viajaba, a las apuradas, a Boulogne en un 71. Por error de dial, caí en la Vorterix. Hablaba Mario. Sí, el mismo que te enloquecía. Contaba que se cumplían 10 años de la muerte de Ricky Espinosa. Por primera vez, escuché una canción de Flema. La voz de Ricky me dio angustia y tristeza. Seguro que tenía que ver con el aniversario de su muerte, qué se yo.
Me quedó flotando eso en la cabeza y, cuando volví a casa, “gugleé” su nombre y vi fotos. Y leí la bio en Wikipedia. Toda miseria. Tristeza, depresión y punk.
Vos tenías algo en común con Ricky, tenías algo de punk. Y eso que no era lo que más te gustaba, preferías a Pink Floyd, como yo. Pero tu vida era punk, era alternativa. No estabas en ningún lugar en particular, no había límites.  Te prendías un pucho atrás del otro, tu voz ronca de tanto humo era la clave. Y te gustaron el porro, la merca… todo así, sin límites. Pero tenías tu way of life, tu manera de sobrevivir a tu pasado, a tu presente.
Laburabas aquí y allá. Bares, cafés, bingos y tatuajes. Te faltó un banco, supongo. No te faltaron pelotas cuando te hiciste cargo de tu hermana más grande ni cuando te metiste con Vicky, a vivir, de cabeza, juntas.
Tu inteligencia era formidable, pero te faltaba un ancla. Pensé que Vicky era tu ancla y no la pegué. En el verano juro haberte visto bien y me dije: esta piba le hizo el click. Le erré a mi pronóstico, supongo.
La última vez que hablamos fue después del 15 de abril. Entre el 15 y el 19. Puntualmente me acuerdo porque charlamos de mis vacaciones y de la operación de mi vieja. Y aproveché y, vía msn, te conté del casamiento. Te pedí que no le contaras a Dany porque pensaba hacerlo personalmente. Te pusiste contenta. Me dijiste que imaginabas un vestido de colores y te dije que era mucho, que pensaba hacer algo no tan tradicional, pero tampoco la pavada. Antes de irte, previo habernos llamado “boncha”- código que manteníamos desde los 15 o 16 años- , me repetiste, como otras veces: “vos me salvaste”. Y esa frase me quedó flotando en la nebulosa de lo indescifrable. ¿Cuándo te salvé? ¿A los 16 cuando te apareciste cortajeada y te hablé de todo lo bueno que había por hacer? Creo que hablabas de esa vez. A menudo me lo recordabas. Como si me lo estuvieras agradeciendo, pero me costaba interpretarlo. Me pareció natural explicarte que el suicidio no era la opción y que tenías muchas virtudes. Pero cada persona retiene diferentes palabras y momentos.
Como no la vi a Dany, le mandé un mensaje vía Facebook contándole que las invitaba a ustedes a mi casamiento. Al día siguiente, me contesta “buenísimo” pero que había pasado algo con vos. Cosa loca, me acordé que te gustaba Madonna y pensé si irías a verla. Asocio la canción Frozen con tu cara. Cosas raras.
En fin, el mensaje de Dany me dejó algo intranquila. Le comenté a Guido, de manera resumida, cómo era tu vida. Un repaso, casi un homenaje. Le conté de la última charla que tuvimos y nos fuimos a dormir. Al día siguiente, justo el 3/6, entré a tu muro del Face. Y los mensajes fueron diciéndomelo todo. Lo miré y le dije que me parecía que te habías ido de gira. La llamé a Dany. Casi con monosílabos (porque estaban los chicos presentes) me lo explicó. Y yo me quedé dura. El día que se cumplía un mes de tu salto, me enteré de la noticia.
Ese día, yo no estaba para salvarte. Era imposible que estuviera. Nadie entendió nada, ni tu familia ni Vicky, que presenció todo.
Ahí fue el día en el que te volviste a parecer a Ricky Espinosa. Nadie sabe porqué ni qué les pasó por la cabeza, pero decidieron saltar hacia la nada. Se fueron como estrellas de rock y hoy, son una estrella ahí en el cielo.

28 de mayo de 2012

El cambio climático, la diabetes y las importaciones


Cuando era chica odiaba las botas de lluvia. Me daba mucha amargura cuando tenía que usarlas. Creo que la última vez que me calcé un par tenía unos 12 años y vivía en San Clemente, en una casa que quedaba en calle de tierra. Ir al colegio caminando en días lluviosos era bastante engorroso porque el barro que se formaba empapaba los pies y permanecía toda la jornada escolar ahí, intacto, en los zapatos canadienses marrones. Por eso usábamos incómodas, pero prácticas, botas Pampero azul marino.
En mis años de sanclementina, me diagnosticaron diabetes. Diabetes tipo I dicen los estándares  internacionales. Tenía 10, me internaron un buen día y de ahí, como en La Costa no había especialistas, comencé a atenderme en La Plata, en el Hospital Sor María Ludovica. A los 16 me dijeron que ya estaba grande para ir y me dieron el alta, recomendándome (por cuestiones prácticas) que siguiera el tratamiento en el Hospital de Clínicas de Capital.
Pasaron dos años y dejé La Costa para venir a estudiar y tener mejor acceso a médicos en Buenos Aires. Y Buenos Aires, con sus luces y belleza urbana, comenzó a volverse casi tropical. La llamo “La tropical Buenos Aires” porque cada tormenta se asemeja a los tifones que transmite CNN en español. Viento, lluvia, mucho más que las sudestadas costeras que reventaron los muelles de Santa Teresita y San Clemente por el noventaytanto.
Entre tormenta y tormenta, decidí comprarme un par de botas de lluvia. Estropeé muchos pares de zapatos en estos últimos meses debido a las lluvias copiosas que cayeron sobre la ciudad. Pero, esta vez, pensé: me voy a comprar unas botas “con onda”. El invierno anterior, las vi con diversos estampados: floreadas, jaspeadas, con rombos…bellas, todas bellas botas y, por sobre todo, modernas y de colores.
Emprendí una búsqueda que, imaginé, iba a ser simple. Los primeros lugares que ví tenían la medida justa de la caña, pero estampados que no me resultaban atractivos. La mayoría, animal print. No, el animal print no va conmigo.
Caminé y caminé zapaterías…en algunas, estaban las mismas que deseché en anteriores y, en otras dí con unas muy bonitas marca Calfor. Caña bien alta, suela antideslizante…eran perfectas.
Eran…realmente lo fueron hasta que me las probé. Por esas cosas que trae un poco el sobrepeso y otro poco la genética, tengo unas pantorrillas muy anchas. Más anchas que la de muchos hombres que conozco, por ende, si la bota de potro no es pa’ cualquiera, las botas de lluvia no son para mí.
Seguí, medio cabizbaja, buscando la bota de la Cenicienta y aunque mis piernas son más parecidas a las de las hermanastras, esto se transformó en la búsqueda del zapatito de cristal.
Me pasé días caminando y viendo zapaterías por Cabildo. Olivos, internet. No consigo las botas para mis pies.
En mi manotazo más reciente, entré en una zapatería que está en Belgrano hace muchísimos años. Charlando con el vendedor, le cuento mis desavenencias en la búsqueda del bendito par de botas. Ellos también tenían animal print. Y alegué contra ello. La explicación que me dio el sujeto fue la siguiente: “las botas son, en realidad, de goma transparente. Lo que les da el estampado, es una media que se pega en ellas, por dentro y se trae de Italia.” Aaaaahh, dije. No solo no encuentro las que me quepan bien, sino que no hay estampados porque o solo dejan entrar “finos” modelos de leopardo o cebra o es el remanente que les quedó a los fabricantes.
No conforme con eso, el vendedor agregó: “La fábrica Calfor estuvo cerrada 3 meses porque se le había roto una inyectora mecánica que se trae de Italia y no se la dejaban entrar al país. Como el dueño amagó con cerrar y dejar gente en la calle, a los 3 meses apareció el repuesto”. Ah bueno, macanudo. Ahora sí hay Calfor, muchas y muy lindas. Pero no hay de otras marcas.
Cada tormenta es un fastidio. Tengo que salir bien cubierta porque mi bomba de insulina, la que tengo hace 3 años, puede mojarse y estropearse. Y no es broma, es un adminículo muy caro que las obras sociales se resisten a otorgar aunque sea en pos de la buena salud de un paciente. La bomba se usa hace muchos años: Ha cambiado de forma, color y hasta función de acuerdo a los avances científicos. No todos los pacientes son pasibles de usarla: ni a todos les convence la idea, ni todos los médicos lo ven como algo imperioso. En mi caso, todo vino por una necesidad de cambio: las enfermedades crónicas son un montaña rusa, te vas cansando de una cosa, querés otra. A veces estás estable, otras veces no. Y la bomba forma parte de eso: de una necesidad de estar mejor, ayudada por ese aparatito.
La adquirí luego de presentar una gran cantidad de papeles en mi obra social, justificando el pedido de tamaño gasto. 90 y pico días después de haber llevado todo me informaron que estaba aprobada y que me la entregarían. Me explicaron que, cada 3 meses, tengo que presentar otro tanto de papeles para que me dieran los insumos, que son descartables y se cambian cada 3-4 días. Hasta el día de la fecha, no tuve inconveniente alguno con la reposición de los mismos. Pero hete aquí que la semana pasada leo por dos fuentes diferentes (Diario La Nación y Revista Fortuna) que la Liga Argentina de Protección al Diabético (LAPDI) denunció que, por las trabas a las importaciones, no están llegando de manera debida los insumos necesarios para los usuarios de bomba.  Por “insumos necesarios” hablo de reservorios-cartuchos donde se deposita la insulina a utilizar- y sets de infusión, a los que llamamos catéteres, que sirven para enviar la insulina desde el aparatito hacia el cuerpo.
Y no es algo que me puedo tomar a la ligera: no me están indicando que en vez de tomar Amoxicilina de Roemmers use la Richet, sino que, para reemplazar los insumos, tengo que volver a las viejas jeringas. ¡Y no solo eso! Tendría que solicitar otra insulina más, ya que la terapia con infusores solo requiere de un solo tipo de insulina (aspártica o lispro o glulisina, depende el laboratorio) y las terapias tradicionales cuentan con, al menos, dos tipos diferentes de dicha medicación. Es decir: que, eventualmente, me falten estos elementos - ya básicos para mí- es un trastorno mayor del que parece ya que estos no son reemplazables por otras marcas y no se producen en Argentina. Además del malestar emocional que produce en un paciente crónico la posibilidad de tener que mandar al tacho el tratamiento quién sabe por cuánto tiempo y por decisiones políticas poco felices.
Puedo prescindir perfectamente de un par de botas de lluvia. Aunque las considero muy útiles, realmente, me las puedo arreglar sin ellas no así con los insumos.
Lo mejor de esto es que, vuelta y vuelta por Olivos, encontré un par de botas Calfor de media caña, perfectas para mis pies. Claro que las compré. Ahora tengo asegurados pies secos pero la incertidumbre de un tratamiento eficaz.




8 de marzo de 2012

Las mujeres con diabetes

Las mujeres con diabetes son muchas. Las hay en Argentina, en la China y más cerca también. Las hay maestras, abogadas, amas de casa, cuentapropistas, viajeras, músicas, deportistas, actrices, políticas, modelos, contadoras, trabajadoras de la salud, estudiantes, amigas, abuelas, madres, hijas y nietas.
Las mujeres con diabetes no son tan distintas de las demás mujeres sin diabetes. Tienen 2 brazos, 2 ojos, 2 piernas, 1 torso…en fin, son de carne y hueso, como cualquiera.
A las mujeres con diabetes que son hijas/nietas, suelen acompañarlas madres y abuelas con mucha fortaleza. A las que son madres/abuelas, las acompañan hijas/nietas que son incondicionales. Casi, casi, como si ellas también fueran mujeres con diabetes.
A las mujeres con diabetes, también, las acompañan hombres con o sin diabetes que hacen la vida un poco más fácil y un poco más difícil.
Las mujeres con diabetes tienen un páncreas que anda medio medio, pero un corazón a prueba de balas y una capacidad de aprendizaje un poquito más allá de lo que dicen los libros.
Las mujeres con diabetes que no tienen hijos saben que pueden tenerlos, simplemente, retocando cuidados y siendo más minuciosas.
Las mujeres con diabetes se convierten en guerreras contra palabras como “enfermo”, “no podés” y cuantas cosas más.
También son mujeres devenidas en guerreras contra la burocracia y el sistema de salud, trabajando, día a día, para una calidad de vida buena para hombres y mujeres con diabetes.
Las mujeres con diabetes viven y sienten la vida como si no tuvieran diabetes: menos mal, ¡eso es lo que las hace diferentes!

14 de febrero de 2012

Se trata de blancas (y de otros colores)


Usted, tal vez, sea un consumidor de sexo pago. Lógicamente, ni a ella ni a usted le interesa algo de sus respectivas vidas. Usted, tal vez, esté a punto de tener sexo con una chica que puede ser su hija, hermana y hasta nieta. No será su nieta/hija/hermana, pero hay abuelos, padres y hermanos buscandola. Amigos desesperados.
A usted esta chica solo le interesa para un fin psicofisiológico. A esta chica, usted no le interesa. Y a usted no le interesa que, probablemente, esa chica esté en ese tugurio por obra y desgracia de una red de trata. ¿Su dinero no vale?
Pues la vida (útil) de esta chica vale unos 15mil pesos. Mas/menos, es lo que está en el mercado una mercancía de costo cero. Si usted sabe o entiende de economía, comprende que es barato tener un “pute”: marcás a una piba, la cargás en un auto y ahí empezás a ganar.
Si usted es abogado, comprende que esa chica está siendo sometida a privación ilegítima de la libertad, trabajo esclavo, etc etc. Y sabe, perfectamente, que está siendo cómplice del delito, aunque no sea parte de la “sociedad” que maneja el prostíbulo. Pero usted va y paga el servicio, como quien compra chupetines en un kiosko.
Si usted es viajante, sabe que esa chica también es un ave de paso. La puede encontrar en diferentes provincias, si retuviera la imagen de su rostro.
Tenga la profesión u oficio que tenga, conoce que es la trata. Pero a usted no le va ni le viene. Lo suyo es ir, hacer valer su dinero devaluando la vida de una chica que está presa. Presa y esclavizada. Cuya única culpa es ser mujer. Algunas, incluso, habrán llegado vírgenes. Otras no, porque tienen hijos. Y otras, tienen hijos en cautiverio y nadie hace nada. Usted tampoco. La diferencia entre esa chica y una muñeca inflable es la sensación de tocar carne. De algo de calor humano. Mírela a la cara. Tenga coraje y mírela mientras la ultraja. Saque esa cara de “placer” infame que siente y mírela mientras agita su cuerpo y jadea como un cerdo.
Así, al menos, ella puede reconocer –dentro de su vulnerable estado- quienes son los que, concientemente, avalan el ocaso de la juventud de una mujer que, alguna vez, tuvo algún sueño más que escapar.

15 de octubre de 2011

Te llamabas Felipe

Te llamabas Felipe y te esperábamos ansiosos para el 20 de febrero de 2009. Fuiste el primer bebé de mi amiga Analía, que se cansó de llamar a la cigüeña para que te trajeran. Y tal es así, que todos empezamos a llamar a París y, cuando contestaron el llamado, nos dedicamos meses enteros a esperarte, hablarte, mandarte mails y mimarte.

Te habías convertido en el hijo de todos, no sé porqué nos tomamos esa atribución, pero estabas en todas las fotos, las conversaciones, los sueños y amor de nuestras vidas.

Yo ya me había imaginado que te ibas a parecer a Christian, tu papá. No sé, esas cosas de bruja y de ansiedad.

Te llamabas Felipe, pero te iban a poner Malena si hubieras sido nena. Pero te pusieron Felipe, como el amigo de Mafalda. Como la remera que tenía tu mamá en el año nuevo de 2009, lo recuerdo patente.

Te llamabas Felipe y ya te habíamos comprado una bañera con cositas para el primer baño: un talco, óleo calcáreo, colonia y jabón de glicerina. Todo para que nadie dijera: ahí está Felipe,no el hermoso, sino el hediondo. Todo eso estaba en el departamento que alquilaba, por aquel entonces, en la Avenida Crámer. No tenía ni la más remota idea de cómo embalar todo eso y que se notara que era un regalo y no un cachivache.

Te llamabas Felipe y la cesárea estaba programada para la mañana del 20. Yo, con tal de no joder, no mandé mensajes hasta las cuatro de la tarde porque me extrañaba el silencio. Mientras tanto, me fui a una clase de pilates y apagué el celular. Es lógico que, en esa clase, yo me quisiera desconectar un poco.

Cuando salí de la clase y prendí el teléfono, me entró un mensaje de voz. Cuando lo escuché, ya en casa, hablaba tu tía Silvina. Y lo que contaba era que Ana estaba bien, pero que vos no estabas. Y de ahí en más, la nebulosa. Yo solo sabía que te llamabas Felipe y que tu mamá estaba bien pero no sabía donde estaban, ni nada. El celular no lo atendían y no podía dar con el sanatorio. En el mientras tanto, mandaba un mail a los conocidos contando lo poco que sabía. Alguien contestó: “después dicen que Dios existe”. Y yo asevero que no existe al igual que quienes creen fervientemente que existe. Y ese día, no existía. Ni existió el 18 de febrero, cuando suponen que tu corazoncito se paró y nadie se lo imaginó. Que me perdonen quienes son creyentes, para mí, Él ahí no estuvo.

Igualmente, seguí buscando donde estaban. Encontré el lugar y arreglé con Melisa y Ary para ir. Aunque Silvina nos dijo que tus papás querían estar tranquilos, yo sentía que teníamos que ir. Aunque más no fuera para estar en la sala de espera.

El sábado siguiente a esto, debe haber sido el 21 ó 22, fuimos al IMO. Estaban tus tías, tu papá, amigos… cuando esperábamos para ver a tu mamá, pasó una enfermera con algo envuelto como en unas sábanas. Eras vos, Felipe. Iban a hacer algo que es como un bautismo, algo para incorporarte a la Fé aunque ya no pudieras saber que era. No sé, me acuerdo de sentir toda la angustia del mundo en unos pocos segundos y no poder contener el llanto. Yo no quería que Ana me viera así. No era constructivo, creo. Con la tristeza que inhalábamos y exhalábamos, no podía ponerme a llorar delante de tu madre.

Y en eso, te “vimos” pasar de nuevo. Minutos más tarde, nos dejaron ver a Ana. Sentada en una silla, con pocas palabras, le dimos un abrazo. Nos quedamos un rato y nos fuimos. No hay mucho para contar del sanatorio. Yo todavía no dimensionaba nada.

Todavía quedaban los regalos en mi departamento. Resolvimos que Melisa se llevaba lo de tocador para una de sus primas y yo iba a cambiar la bañera. La convertí en una cacerola enlozada con tapa de vidrio. Traté de deshacerme de todo, pero no me dí cuenta que me quedé con un portarretratos de marco celeste con un avioncito rojo. Era para tu dormitorio. En fin…

Pasaron los meses, nos comunicamos relativamente poco con tus papis. No había nada que explicar ni qué decir. Todos fuimos haciendo el duelo como pudimos. Apenas podía verla a Ana sin pensar en todo esto. Y estuve meses sin poder hablar del tema sin que se me atrancara un nudo en la garganta. Necesité meditarlo, pensarlo, pero ya no quería explicaciones. Fui trabajándolo como pude.

Me preguntaba qué me pasaba a mí, porqué yo me sentía tan mal. Me pregunté qué derecho tenía yo a sentir esa tristeza, si no eras siquiera de mi sangre. Pero no la podía evitar, qué se yo.

Pasaron meses hasta que llegó la buena nueva: Santiago, tu hermano menor, estaba en camino. No te puedo negar que no tuve miedo. Tenía la tranquilidad de saber que no podía repetirse todo, pero el miedo a lo conocido.

Acompañé ese embarazo un poco menos, creo que necesité no vincularme tanto. Cosas que pasan, dije. Todo fue así hasta la cesárea de Santi, programada para el 30 de julio. Todo el día esperando el mensaje de tu vieja o de alguien que no llegaba. Unos nervios atroces. Cuando salí del trabajo me fui a la clínica sin saber nada, era una bola de nervios. En la entrada, me encontré con el papá de un amigo de Matías, tu primo el mayor. El ahí me dijo que todo estaba bien, que Santiago había nacido bien. Pasa que la salame de tu mamá se olvidó de decir que me avisaran. A esa altura ya no me importaba.

Entre el silencio, necesario, y todo lo demás, mi angustia se liberó en un abrazo acompañado de llanto, qué te puedo decir. Yo sabía que vos estabas presente en nuestras mentes, que no nos íbamos a olvidar de vos, pero había que seguir adelante para estar con Santi.

Santiago es realmente bello. Es rubio de ojos claros, casi para ponerlo en un almanaque. El chiquitín gusta de la música. Es un solazo. Tenía ganas de contarte eso, además.

Como contaba antes, sentí irse a mi angustia el 30 de julio del año pasado, por suerte. Pero me dí cuenta que nunca me deshice del portarretratos del avioncito, que está junto a una gran pila de papeles, escondido en un cajón, ese es el único recuerdo que tengo de vos.

9 de mayo de 2011

Paka Paka para todos (los que tienen luz)

Ayer leí en Perfil, sí, en uno de los 7 nombres del diablo, una nota de Daniel Link (profesor de la carrera de Cs de la Comunicación de la UBA) un artículo sobre el asunto este de Paka Paka.

Leyéndolo, me hizo detenerme un momento y pensar de qué todos hablan cuando proponen el lema “Paka Paka para todos”. Porque, como bien señalaba el profesor, la señal sería emitida por cable y no por aire. Pues ahí ya tenemos un todos que se resume a “todos los que tienen cable”, más precisamente a todos los que Cablevisión (no acatando la ley 26.522) no les brinda un servicio obligatorio y que está pago con la factura mensual correspondiente al cable. Pero resulta que, ese todos deja a otros excluidos: todos los que no tienen cable, todos los que no tienen televisor en sus casas y, peor aun, todos los que ni siquiera tienen luz, elemento vital en el siglo XXI.

El tema de que esta señal no esté al alcance de “todos” se convirtió en una cuestión de Estado. No digo que no debe estar en la grilla de los servicios de TV por cable o Digital, al contrario. Hay una ley, hay que cumplirla y sanseacabó. El problema es que esto se volvió agenda para determinados medios y hasta ministerios. Y no creo que Cristina esté en Olivos diciendo: “me cache en dié Magnetto, ¿será posible, será que no me des bola?” No. Pero ya roza con la ridiculez absoluta esto. Es un tironeo político-económico con una pobreza increíble. Que el Mrio. De Educación organice un acto para esto me parece una cuestión hasta irrespetuosa: mientras se nos cae el sistema educativo, llamamos a un acto masivo. ¿O es que los niños ya no deberán ir a la escuela y deberán mirar Paka Paka desde sus casas y aprender la teoría de los conjuntos?

Entretanto, los QOM piden que los escuchen. No es tanto, es una reunión, es que les devuelvan lo que les corresponde: su tierra. Y sospecho que ellos no fueron a pedir por la señal de cable. Sospecho, también, que ellos no saben , siquiera, el porqué de este conflicto. ¿Paka paka se emite en lenguas originarias? Pues he ahí una pregunta que repito: ¿Quiénes son todos?. Los tobas, muchos, apenas hablan el español. Apenas si tienen recursos para vivir. Y no sé, no doy fé de ello, si les interesaría que Cablevisión cumpla con la Ley de servicios de comunicación audiovisual, cuando los muchachos de La Cámpora los desalojaron del centro porteño. Los desalojaron porque pidieron que les restituyan lo que es todo para ellos: su modo de vida, su tierra, su cultura. Pero no importa, porque cuando Paka Paka sea para “todos”, hecho que conseguirá el inclusivo proyecto nac y pop, habrá tiempo de discutir si esta comunidad tiene razón. Si es que esa comunidad existe para entonces o Insfrán se encargue de sacarlos del medio.-

29 de septiembre de 2007

Volvere y sere millones---

Bueno, ando falta de ganas...ya activare este blog, que creo q nadie visita, pero lo inicie con la mera idea de contarles que pienso...

9 de abril de 2007

Que se vayan todos?

Bronca porque matan con descaro
Pedro y Pablo

En una protesta muere un docente que estaba dentro de un auto. La persona que lo conducia esta desaparecida. ¿Algo mas puede pasar que eso?
El derecho a huelga en ningun lado implica la posibilidad de perder la vida en ella, en una protesta. Represion cruenta enviada por un gobernador. Pero eso no es lo peor de todo. sabemos muy bien "por donde viene la mano".
EStamos en año electoral y cualquier excusa es buena para ganar operder. O hacer ganar o hacer perder. Este pais se ha cobrado muchas vidas en epocas de elecciones o tan solo para "bajar a alguien" de su puesto. Por un lado, dan electrodomesticos en las villas miseria, donde por ahi no hay ni agua ni luz, pero tienen lavarropas automaticos. Por otro se arrojan con cuerpos, unos a otros. hay gente esperandoque una muerte suceda para hacer de eso su propio negocio.
¿Realmente a Moyano, Yasky y otros les importa la muerte de este docente? ¿De veras se sienten conmocionados? Sinceramente, me cuesta creer que les importa alguien en particular cuando ni siqueira les interesa una agrupacion tan grande como el sindicato. Quisiera saber yo donde estan los reales beneficios de tener a estos señores como representantes ante las autoridades.
Este "perejil" , con respetoa el y su familia (me atrevo a llamarlo asi,porque quien dio la orden de que muriera alguien lo debe haber llamado de esa manera), era un laburante. Padre de familia. Pero a la politica los "perejiles" solo les importan para embanderarse en ellos para sacar provecho. Como hoy lo hicieron muchos. Comindo de la desgracia ajena. Me dan vergüenza. Me dan bronca.
Julio Lopez, los pibes de Cromañon...solo son funcionales a los efectos de buscar votos o muertos politicos. Claramante esto va contra Sobisch. No significa que lo estoy apludiendo por mandar a reprimir. Para nada. Pero cae de maduro que nada es casual en este tipo de cosas. De la noche a la mañana se pide la renuncia del gobernador. No me cierra.
Lo unico que me cierra es mi profundo deseo de que paren las muertes por temas politicos, que acabe el accionar mafioso en este pais. A veces me da miedo, porque tambien puedo ser yo la proxima...

2 de abril de 2007

La perdida guerra austral ...

A la memoria de aquellos inocentes que juraron con gloria morir...

Hace 25 años un señor (si es que le puedo llamar señor), vaso de bebida alcoholica de por medio, se hizo el "machito" y declaro una guerra por demas inutil...¡¡es que es tan facil mandar a morir a los demas!!...declarar una guerra y ni siquiera ir a morir en ella...¡eso es ser un heroe señores!
Como ya dije en otras situaciones, no perdono la muerte. No perdono la muerte en nombre de nada ni nadie. Ni de Dios. (Que se que no quiere muerte). Ni unas islas. Por mas que sean o no argentinas, la guerra no se justifica. Ni aunque hubieramos ganado. Digo hubieramos como si yo hubiera sido soldado. Digo "hubieramos" como lo dicen los demas argentinos.
Lo cierto es que mi papa podria haber ido. Yo no hubiera nacido, tal vez. Pero el no fue. Fueron otros como el. Algunos hoy son papas. O no. Otros se quedaron ahi...bajo una cruz blanca, en un cementerio que cuando lo empezo a "cuidar" el gobierno argentino, se vino abajo. Los ingleses lo cuidaban mejor...que vergüenza...¡pobres chicos! si supieran que la patria por la que fueron a morir ni siquiera les cuida su morada...
Si se utiliza la frase "Nunca mas" para no repetir la dictadura, se deberia decir "Nunca mas" a las guerras. Nunca mas a la muerte, al robo...
Nunca Mas.